Economía

EE. UU., Iván Duque y el complot contra Venezuela

O dia triunfal de uma vida

Caracas, Venezuela–. ¡Dios mío, ¿qué hay que tener en el corazón para no ver esta barbarie?! La exclamación llega a esta capital, desde Twitter. El espanto de alguien enterado del crimen –otro más en tierra colombiana, contra venezolanos–, más allá de la sacudida por al acto monstruoso, revela el desespero de una Colombia que no soporta el peso de la crueldad

Caracas, Venezuela–. ¡Dios mío, ¿qué hay que tener en el corazón para no ver esta barbarie?! La exclamación llega a esta capital, desde Twitter. El espanto de alguien enterado del crimen –otro más en tierra colombiana, contra venezolanos–, más allá de la sacudida por al acto monstruoso, revela el desespero de una Colombia que no soporta el peso de la crueldad.

Desde Caracas las autoridades demandan que sus homólogas del vecino país esclarezcan el asesinato de dos adolescentes venezolanos, ejecutados en plena vía pública el 9 de octubre pasado, en un área urbana del municipio de Tibú, al Norte de Santander.

Igual de repudiable fuera el exterminio, si se tratara de un hecho aislado; pero es otro eslabón de una espeluznante cadena de homicidios que parece estirarse hacia el infinito. Hasta el 9 de octubre (día 282 del actual almanaque) ascendía a 75 el número de masacres acaecidas en Colombia.

Un simple cálculo matemático revela en ese país un acto de ejecución colectiva de personas cada3, 76 días, en lo que va de año. El número de vidas truncas se aproxima a las 270 en ese periodo; líderes sociales y exguerrilleros de las farc, entre otros, engrosan la tenebrosa lista.

Muertes por violencia se reportan todos los días en Colombia, mientras la Casa de Nariño elude su responsabilidad en los hechos; a conveniencia desvía la culpa hacia Venezuela y, de paso, justifica la beligerancia que, por voluntad de su mentor gringo y para provecho de una élite putrefacta,

multiplica contra el pueblo de Bolívar y Chávez.

La verdad de Venezuela aún resuena en el Consejo de Seguridad de la onu, donde hace unos días se denunció el complot colombiano-estadounidense para emprender acciones armadas. La denuncia expuso evidencias del plan y los propósitos que persigue: «eximir la responsabilidad por el fracaso del proceso de paz (en Colombia), impedir el trabajo electoral y pacífico de la oposición democrática, y (propiciar) el derrocamiento violento del gobierno constitucional de la República Bolivariana de Venezuela».

El peligro es creciente, y claros los signos de desesperación del Gobierno colombiano, advirtió la parte venezolana al denunciar la trama que también incluye continuas provocaciones en la frontera, intentos de interrumpir el diálogo entre el Gobierno y la oposición, y actos de barbarie como la del 9 de octubre pasado, el cual, aclaró Tarek William Saab, fiscal general, elevó a 362 la cifra de venezolanos ultimados este año en Colombia, y a 3 000 los compatriotas muertos o desaparecidos en ese país en el último lustro.

Por estos hechos, Nicolás Maduro exigió justicia, acusó al presidente colombiano de promover el odio antinmigrante y anunció que Venezuela lo acusará en la Corte Penal Internacional.

 

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