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¿Por qué celebramos hoy el Día de la Bandera?

La efeméride recuerda al creador de la bandera argentina, Manuel Belgrano quien murió el 20 de junio de 1820. Abogado, militar y economista, fue uno de los principales dirigentes de la Revolución de Mayo de 1810, activo impulsor de la emancipación nacional y combatiente en las guerras de la independencia.  Al frente del Ejército del Norte venció en las estratégicas batallas de Santa y Tucumán, que salvaron al gobierno revolucionario, aunque no pudo lograr el objetivo de liberar a las provincias del Alto Perú, en la actualidad, Bolivia.  Integrante de la Primera Junta de gobierno, tuvo gran influencia en el Congreso de Tucumán, donde abogó por el establecimiento de un régimen monárquico sudamericano con sede en Cusco y la coronación como soberano de un descendiente de la nobleza incaica.  Colaborador del periódico porteño Telégrafo Mercantil y del Semanario de Agricultura, Comercio e Industria, dirigido por Hipólito Vieytes, donde expuso sus ideas proteccionistas e industrialistas y fue autor de una interesante “Autobiografía”.  Hombre de una honestidad ejemplar y firme carácter, principal ideólogo del sector más decidido de la Junta de Mayo, su deceso pasó inadvertido y tan sólo unos pocos deudos asistieron a su sepelio, lo que despertó las iras del padre Castañeda, única voz que en ese momento se alzó públicamente en su recuerdo y defensa.  Creó la bandera celeste y blanca al calor de la lucha independentista contra el colonialismo español, adoptando un símbolo que los diferenciaba del enemigo en el campo de batalla, el mismo que comenzó a andar la historia como el estandarte de una nueva identidad en la región que más tarde será la Nación Argentina. La creación de la bandera   “He dispuesto para entusiasmar las tropas y a estos habitantes, que se forman todas aquellas…Siendo preciso enarbolar bandera, y no teniéndola, mandé hacer celeste y blanca, conforme a los colores de la escarapela nacional”, escribía Belgrano en marzo de 1812 en un parte que envió desde Rosario al Triunvirato porteño, desde donde se manejaban los resortes del poder en la región. En ese período tan convulsionado de la lucha contra los españoles que a la vez estaba atravesada por fuertes disputas internas, Belgrano recibía la orden de asumir la jefatura del Ejército del Alto Perú, en reemplazo de Martín de Pueyrredón, por lo que debía partir hacia el norte, donde el combate se volvía difícil y sangriento. En tanto, Belgrano que se encontraba en Rosario, desde donde partiría hacia el norte, le escribe al Triunvirato “proponiendo la creación de una escarapela que unifique a la tropa en el combate” y destaca que “en verdad resulta absurdo pelear con la misma bandera de nuestro enemigo”, destaca el historiador Jorge Perrone al reproducir el parte en el “Diario de la Historia Argentina”. El gobierno accedió y por decreto estableció que “sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste”. Pocos días después Belgrano decide crear la bandera como la insignia que flamearía entre los soldados independentistas, la que izó sobre el Paraná a comienzos de marzo de ese año, por primera vez, ante la que juraron “vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será temple de la independencia y de la libertad”. Así arengó a su tropa quien pronto sería el jefe del Ejército del Norte, quien además de su misión militar venía pensando y escribiendo sobre la organización económica, política y social de una nueva sociedad, basada en los principios de la Revolución Francesa.   Pero la creación de la bandera no corrió la misma suerte que la escarapela, y al llegar la noticia a Buenos Aires de su creación e izamiento, con los tiempos que los medios de comunicación imponían en esa época, el Triunvirato se alarmó mandando “esconder la celeste y blanca” y enviándole, “supuesto que no tenga”, una bandera española.  El parte porteño decía que “las demostraciones con que V.S. inflamó a la tropa de su mando, esto es, enarbolando la bandera blanca y celeste, como indicante que debe ser nuestra divisa sucesiva, las cree este gobierno de una influencia capaz de destruir los fundamentos con que se justifica nuestras operaciones”. Pero Belgrano no se enteró en forma inmediata de la orden que le dio el gobierno de esconder la bandera, porque seguía su marcha hacia el norte, y el 25 de mayo vuelve a enarbolarla en Jujuy durante la celebración del segundo aniversario de la gesta de mayo. Durante el acto en la Catedral jujeña se bendijo la insignia y luego se ordenó formar la tropa en la Plaza y enarbolarla sobre el Cabildo.  En esa oportunidad, el General expresó ante el ejército: “El 25 de Mayo será para siempre memorable en los anales de nuestra historia, y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo cuando véis en él, por primera vez, la bandera nacional en mis manos que ya nos distingue de las demás naciones del globo”, y exhortó a jurar mantenerla y defenderla. Cuatro días después, el mismo Belgrano, orgulloso, notificó a Buenos Aires la celebración.  El 27 de junio el Triunvirato vuelve a plantearle que debe guardar la bandera y le recrimina la desobediencia, y Belgrano, que no se había enterado de aquella decisión, responde veinte días después aceptando la orden mientras le dice a su tropa que la insignia será guardada para el día de una gran victoria. Finalmente, el 25 de julio de 1816, y tras la declaración de la Independencia, el Congreso de Tucumán dispuso por decreto adoptar como distintivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, “la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente”, aquella creada cuatro años antes por Belgrano. etiquetas Día de la Bandera Belgrano