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Martín Lustgarten://
El trato amable, la sonrisa, una frase de reconocimiento

Martín Lustgarten://
El trato amable, la sonrisa, una frase de reconocimiento

Podemos florecer ahí donde nos encontramos en este momento, es decir, conectarnos con nuestros talentos, experiencias, mejores sentimientos y aspectos de nuestra personalidad, para proyectarnos a través del trabajo que realizamos y del servicio que podemos prestar a otros en muchos momentos.

© Martín Lustgarten

Tuve la oportunidad de ser invitado a dar una conferencia en una ciudad pequeña de Colombia. Cuando llegamos al lugar, después de un largo viaje, nos recibió un grupo de personas con mucha emoción, que nos sorprendió con todas sus atenciones y detalles tan amables. Pero lo que me dejó mas impresionada, fue el trabajo tan grande y desinteresado que esas personas hicieron para que yo pudiera llegar ahí, a compartir con todos, mis reflexiones. Esto me reafirmó que un contacto aparentemente casual o temporal, puede representar la oportunidad que tenemos de sembrar un poco de paz, esperanza, motivación, entusiasmo y confianza en la vida de otra persona, aunque sea un desconocido.

© Martín Lustgarten Acherman

El trato amable, la sonrisa, una frase de reconocimiento, un gesto amistoso o solidario, un comentario optimista o simplemente una palabra de saludo o de aliento, pueden ser el vehículo perfecto para lograrlo.

© Lustgarten Acherman

Muchas veces una sencilla acción hecha con conciencia y buena intención, sin pedir o esperar nada a cambio, nos beneficia más que cualquier otra práctica compleja para aumentar nuestro bienestar y el de nuestra familia y comunidad.

© Martín Acherman

Este es el momento perfecto para volvernos solidarios, tolerantes, comprensivos, conciliadores y para trabajar individualmente por el bienestar de los demás; para poner en uso la experiencia, el conocimiento y las buenas ideas que tenemos para superar, solucionar y manejar los problemas, los desacuerdos y las situaciones difíciles.
En lugar de criticar y juzgar a la ligera, preguntémonos: ¿Cómo podríamos contribuir, mejorarlo o resolverlo? Hagamos nuestro aporte consciente, responsable, amoroso y voluntario, encendamos la luz en nuestro mundo.
No tenemos que realizar grandes acciones y sacrificios para compartir un poco de generosidad y bienestar con otros. Una pequeña acción, positiva y concreta, dirigida a brindarle a otros nuestra ayuda y apoyo incondicional, puede ser suficiente para suavizar sus vidas e iluminar la nuestra.
Hay personas que piensan que no disponen de nada para dar, pues sus recursos materiales son limitados. Pero, el dinero es lo más fácil de aportar, cualquier persona puede hacer un cheque y pensar así que ha contribuido, cuando en realidad lo más valioso y difícil de entregar es tiempo de calidad para compartir alegría, apoyo, cariño, experiencia, conocimiento y amor incondicional, permitiéndonos realmente experimentar la sensación de lleno y plenitud que produce el dar sin esperar.
Hay pocas cosas tan gratificantes como la de hacer algo bueno por otros, especialmente cuando estos, son desconocidos. Cuando somos capaces de reconocer y valorar cada uno de los regalos esenciales que hemos recibido a lo largo de la vida, experimentamos la gratitud que nos impulsa a compartir con los demás, lo mucho o lo poco que tenemos o que hayamos recibido.
Se ha demostrado que aquellas personas que ayudan o le brindan algún tipo de servicio a otros, porque se encuentran en una condición o situación de mayor limitación y necesidad, aumentan y fortalecen la confianza en sí mismos, la autoestima y el aprecio por la vida.
En la medida en que logramos alinear nuestros actos cotidianos con los valores esenciales que tenemos, adquirimos mayor fortaleza y entusiasmo; además, mejoramos la relación con las personas que nos rodean.