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Alvaro Ledo Nass: RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL

Alvaro Ledo Nass

Sumario. I.- Las empresas petroleras y la responsabilidad social-ambiental. II.- Implicaciones del bajo perfil de una empresa petrolera en la comunicación de sus labores en áreas de responsabilidad social. III.- La filantropía como imagen corporativa. IV.- La paz y la armonía del entorno como responsabilidad de la empresa. VI.- Colaboración entre Estado y Empresa privada en temas sociales. VII.- Los directores de una empresa petrolera y la proactividad en el tema de la Responsabilidad Social Empresarial. VIII.- Beneficios para una empresa petrolera/minera de ser socialmente responsable. IX.- ¿Puede ser la responsabilidad social empresarial una ventaja competitiva?.

© Alvaro Ledo

© Alvaro Ledo pdvsa

I.- Las empresas petroleras y la responsabilidad social ambiental.

Indudablemente que, en principio, la responsabilidad social de las empresas petroleras no puede diferenciarse conceptualmente de la responsabilidad social de otras empresas. Sin embargo, lo cierto es que, la actividad petrolera, aún cumpliendo estrictamente las regulaciones y requisitos ambientales, es una actividad abrasiva para el medio ambiente, entendido éste como una integralidad que va más allá de los supuestos ecológicos y se relaciona con el hábitat global de las zonas de producción y refinación petrolera, por lo que, el perjuicio al ambiente natural de toda actividad petrolera, incidirá decisivamente en el nivel de vida de las comunidades de las áreas de influencia de las actividades de hidrocarburos.

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En relación a esto último, tres espectaculares y preocupantes fenómenos atmosféricos pueden mencionarse con fines ilustrativos. Por un lado, está el fenómeno de destrucción progresiva de la capa de ozono en buena medida debido a causas relacionadas con la explotación y consumo del petróleo y sus derivados, que generan los denominados fluorocarbonos o cloro-flúor-carbonos (CFC), cuya transmisión a la atmósfera produce mermas en la capa de ozono. Este fenómeno de destrucción de la capa de ozono por causas antrópicas tiene ya un carácter serio en las zonas polares en especial en la antártica hasta el punto que se habla del «agujero antártico del ozono». De acentuarse y ampliarse este proceso de disminución de la capa de ozono, se produciría una mayor irradiación ultravioleta y con ello más cáncer en la piel, aumento de las enfermedades oculares, menor rendimiento de los cultivos y plantaciones, desequilibrios en la ecología química y degradación de pinturas y plásticos.

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Por otro lado, puede mencionarse también el fenómeno conocido como greenhouse effect o «efecto invernadero» (esto es, el efecto resultante del atrapamiento en la atmósfera de irradiaciones térmicas, las cuales al no poder salir al espacio producen un recalentamiento) el cual puede también tener «repercusiones trascendentales». Este efecto invernadero, que ciertamente tiene también causas naturales, se ha visto incrementado por causas humanas, tales como la producción de gases como el anhídrido carbono (CO2) generado en los procesos de obtención de energía que utilizan combustibles fósiles: automóviles, industrias, entre otros; y también otros gases incrementados también por causa del hombre como el metano (CH4), el óxido nitroso (NO2), cloro-flúor-carbonos (CFC) y el ozono (03).

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Las consecuencias del efecto invernadero van entre otras desde alteraciones del clima, susceptibles de producir alteraciones en la geografía física, en el régimen de precipitaciones y en otros aspectos, lo que puede tener repercusiones en los comportamientos humanos productivos (agricultura, ganadería, cultivos marinos) y no productivos (diseños de viviendas, planificación), hasta serios efectos sobre las costas debido al aumento del nivel del mar, como serían la pérdida de áreas habitadas, el incremento de inundaciones y el deterioro o supresión de playas.

Finalmente hay que mencionar otro grave trastorno atmosférico: la lluvia ácida, la cual pone también de relieve problemas de contaminación transfronteriza. La lluvia ácida se produce principalmente a partir del anhídrido sulfuroso proveniente de la utilización, en procesos industriales y de obtención de energía, de combustibles fósiles (al parecer también contribuyen a la lluvia ácida los escapes de los vehículos, los cuales contienen hidrocarburos sin quemar y óxidos de nitrógeno y que dan lugar a contaminantes). El SO2 -y de forma análoga los óxidos de nitrógeno- reaccionan con la humedad de la atmósfera, convirtiéndose en ácido sulfúrico cayendo luego con la lluvia.

Las consecuencias son sin duda serias y a veces catastróficas: por una parte, se producen daños en materiales y superficies vegetales y también en la composición del suelo, cuya acidificación altera el mecanismo de nutrición vegetal.

Por ello, no nos cabe dudas de que, la actividad petrolera, aún cuando se insertaría en el fenómeno general de la responsabilidad social empresarial, debe tener mayor acentuación que otras actividades productivas, en el desarrollo y cooperación en áreas sociales, por incidir o afectar de manera más evidente los hábitats y condiciones de las comunidades.

De igual forma, no podemos dejar a un lado que, la situación del mercado energético mundial, produce como consecuencia una clara separación entre los beneficios derivados de la actividad petrolera, con los de las demás industrias. De allí que, aplicando un simple elemento de proporcionalidad y progresividad, estimamos que las empresas petroleras deberían tener mayor responsabilidad social que las demás empresas.

II.- El bajo perfil de una empresa petrolera en la comunicación de sus labores en áreas de responsabilidad social.

Consideramos que, en el estado actual de la evolución de la responsabilidad social empresarial, el bajo perfil de una empresa en la comunicación de sus labores, puede ser perjudicial, no sólo para su imagen corporativa, sino además, para la identificación del público consumidor con la empresa.

La comunicación de las actividades en áreas sociales, más que una estrategia publicitaria, está destinada a cumplir una misión trascendental. Contribuye a consolidar una cultura solidaria y la práctica de valores éticos-corporativos. Además, pudiera llegar a tener una función pedagógica, ya que difundiría ejemplos que pueden ser imitados.

Creemos que existe un marcado quiebre en la tradición según la cual la empresa era una cosa, y la caridad otra muy diferenciada. Las empresas deben incorporar nuevos criterios en su proceso de toma de decisiones, tomando en cuenta la inversión social y el desarrollo solidario de su personal, sin olvidar la comunicación de sus actividades sociales, ya que, en un mundo globalizado y dominado por la decisiva influencia de los medios de comunicación masivos y redes sociales, la comunicación de las labores sociales es una fuerza que puede conducir a que se consoliden las tendencias que exigen a las empresas trabajar con pautas de responsabilidad social.

Independientemente de los fines con que se utilice la comunicación y publicidad de las pautas y labores sociales de las empresas, lo cierto es que, debe imperar una concepción finalista: lo importante y relevante es que se ejecuten planes y actividades de responsabilidad social, y que al difundirse, puedan generar un efecto cascada, positivo para generalizar la tendencia.

III.-La filantropía como imagen corporativa.

Tal y como señaláramos en el punto anterior, estimamos que no debe existir ningún cuestionamiento en que la filantropía sea difundida y aprovechada en publicidad. Por supuesto que ello no puede significar una centralización exclusiva de la imagen de una empresa, ya que estimamos que, la comunicación y el efecto multiplicador de ésta en la responsabilidad social, puede distorsionarse e implicar una manipulación del espíritu solidario del consumidor.

Como en toda actividad humana, es necesario que exista un equilibrio: la empresa debe desarrollar su imagen corporativa en base a sus productos, las ventajas que ofrece al consumidor, pero sin olvidar la necesaria responsabilidad social que imponen los tiempos modernos.

Existen casos altamente interesantes (Chevrón por ejemplo) que utiliza su responsabilidad ambiental y social, como parte de su estrategia publicitaria, pero sin olvidar las necesarias estrategias desde el punto de vista comercial e industrial, que deben acompañar su labor.

La exclusión de cualquier imagen corporativa distinta a la filantrópica, pudiera llegar a ser perjudicial para una empresa, que perdería competitividad real en los mercados, al ser percibida como una ONG, más que como una empresa. Sin embargo, sí puede la imagen filantrópica, ser un complemente ideal en la imagen corporativa de una empresa, lo cual generaría un efecto multiplicador, identificaría al consumidor con la empresa, y le daría el equilibrio publicitario y ético para consolidar su imagen, y por ende, gran parte de su éxito comercial e industrial.

IV.- La paz y la armonía del entorno como responsabilidad de la empresa.

La gestión de una empresa, o lo que es lo mismo, el despliegue ordinario de sus actividades cotidianas productivas, no puede estar divorciada del contexto geográfico donde se desenvuelve. Es posible armonizar la eficiencia económica y la eficiencia social. El trabajo decente ofrece dividendos económicos. Puede incrementar la productividad de las empresas, y también fomentar esquemas de crecimiento más equitativo y sostenibles. La existencia de mercados de trabajo estables estimula el aumento de la demanda y de las inversiones; las iniciativas de la promoción de la igualdad de género tienen efectos positivos en el crecimiento económico; el diálogo social permite alcanzar un equilibrio entre objetivos de diversa índole, como, por ejemplo, entre la flexibilidad que necesitan las empresas y la seguridad a que aspiran los trabajadores.

En ese marco, es indudable que, la responsabilidad social de las empresas abarca también la integración de las empresas en su entorno local. Las empresas contribuyen al desarrollo de las comunidades en que se insertan, sobre todo de las comunidades locales, proporcionando puestos de trabajo, salarios y prestaciones, e ingresos fiscales. Por otro lado, las empresas dependen de la salud, la estabilidad y la prosperidad de las comunidades donde operan. Por ejemplo, la mayor parte de sus contrataciones tienen lugar en el mercado de trabajo local, por lo que están directamente interesadas en que en su lugar de ubicación haya personas con las competencias que necesitan. Además, las PYME encuentran a menudo la mayoría de sus clientes en la zona circundante. La reputación de una empresa en su lugar de ubicación y su imagen como empresario y productor –y también como agente de la vida local– influye sin duda en su competitividad.

Asimismo, las empresas interactúan con el entorno físico local. Algunas dependen de un entorno limpio –aire puro, aguas no contaminadas o carreteras descongestionadas– para su producción u oferta de servicios. Puede existir también una relación entre el entorno físico local y la capacidad de las empresas para atraer trabajadores a la región donde están radicadas. Por otro lado, las empresas pueden ser responsables de diversas actividades contaminantes: polución acústica, lumínica y de las aguas; contaminación del aire, del suelo y problemas ecológicos relacionados con el transporte y la eliminación de residuos. Por ello, las empresas con mayor conciencia de las cuestiones ecológicas realizan a menudo una doble contribución a la educación medioambiental de la comunidad.

Muchas empresas se comprometen con la sociedad local a través de, por ejemplo, el ofrecimiento de plazas adicionales de formación profesional, la colaboración con organizaciones de defensa del medio ambiente, la contratación de personas socialmente excluidas, el ofrecimiento de servicios de guardería a sus trabajadores, el establecimiento de asociaciones con comunidades, el patrocinio de actividades deportivas o culturales a nivel local o la realización de donaciones para obras de beneficencia.

El establecimiento de relaciones positivas con la comunidad local y la consiguiente acumulación de capital social son especialmente importantes para las empresas. También para las sociedades multinacionales, que utilizan cada vez más estas relaciones para cimentar la integración de sus filiales en los distintos mercados en que están presentes. El conocimiento de los agentes locales, las tradiciones y los recursos del entorno local es, sin duda un activo que las empresas pueden capitalizar.

Sin embargo, es indudable que la paz y la armonía del entorno, no son responsabilidad exclusiva de la empresa, por cuanto ésta no se puede configurar en un sustituto del Estado, por lo que las contribuciones al entorno de las empresas, deben ser vistas como un aporte, y no como la solución definitiva a los inconvenientes del hábitat, ello, sin menoscabar por supuesto, que el papel de la empresa no será uno secundario, sino más bien principal en su entorno, eso sí, en correlación, corresponsabilidad y coordinación con el Estado.

VI.- La cooperación entre Estado y Empresa privada en temas sociales.

La estrecha cooperación entre el sector empresarial y el Estado, es a nuestro juicio, uno de los elementos claves del éxito de la responsabilidad social empresarial.

No puede la empresa desplegar una política autónoma, individual, y aislada del contexto de las instituciones que operan en un país, porque correría el riesgo de ver la infructuosidad de sus esfuerzos, como tampoco ha demostrado el Estado que puede tener éxito en políticas que impliquen un cambio de rumbo en sectores consolidados de pensamiento (libre mercado). Es necesaria la intervención y participación de todos los sectores involucrados.

Al mismo tiempo, existen razones de eficiencia y eficacia, que aconsejan una cooperación, coordinación y corresponsabilidad, más que una alineación entre las empresas y el Estado. Si una iniciativa social empresarial, está totalmente desconectada de la acción estatal, puede ocurrir que se solape el emprendimiento privado con el del sector público, que se repitan acciones innecesarias, o que la desorganización reste eficacia a las gestiones de ambos.

Adicionalmente, existen elementos jurídicos constitucionales que exigen esa cooperación y coordinación. En primer lugar, la corresponsabilidad enunciada como principio constitucional por el artículo 4 de la Carta Magna, exige una acción conjunta de los ciudadanos con el Estado. De allí, que se amplíe considerablemente el ámbito de participación ciudadana en los asuntos públicos, y que se catalogue al sistema democrático como participativo y protagónico, más que representativo.

Auxiliarmente, la corresponsabilidad y coiniciativa, se ve plasmada en diversas disposiciones constitucionales, tendientes todas a procurar la intervención del Estado y el sector privado en órdenes sociales de variada naturaleza, para brindar de esta manera una protección integral del conglomerado social. A manera de ejemplo, con la finalidad de “la promoción de la prosperidad y del bienestar social del pueblo” que indica el artículo 3 constitucional, se prevé en el artículo 299 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que constituye deber del Estado “? conjuntamente con la iniciativa privada promover el desarrollo armónico de la economía nacional, a fin de generar fuentes de trabajo, alto valor agregado nacional, elevar el nivel de vida de la población y fortalecer la soberanía económica del país, garantizando la seguridad jurídica, solidez, dinamismo, sustentabilidad, permanencia y equidad en el crecimiento de la economía, para lograr una justa distribución de la riqueza?”; expresando a su vez que el régimen socioeconómico de la República debe estar fundamentado en los principios de “? de justicia social, democracia, eficiencia, libre competencia, protección del ambiente, productividad y solidaridad?” y ello con la finalidad de “?asegurar el desarrollo humano integral y una existencia digna y provechosa para la colectividad.”

Tal concepción desde luego implica un replanteamiento en el orden de la responsabilidad social empresarial, que no debe planificarse como una acción aislada y filantrópica de las empresas, sino como parte de una corriente de reequilibrio del bienestar y progreso social.

VII.- Los directores de una empresa petrolera y la proactividad en el tema de la Responsabilidad Social Empresarial.

Los Directores de una empresa petrolera, son ciudadanos calificados, por su importancia y poder para influir en la sociedad. Lo estrecho de la relación empresa-sociedad, hace que, quienes tienen poder para influir en la empresa, incidan en las relaciones sociales de muchas maneras que no tienen una conexión directa sólo con sus productos o beneficios. La actividad de las empresas, y el rumbo que a éstas le impongan sus Directores, tiene una dimensión pública, por sus efectos porque colabora en la configuración de la sociedad y es importante para el desarrollo de la misma.

Un papel importantísimo de los Directores de las empresas petroleras, es el ejercicio correcto de su poder político-corporativo, especialmente en contextos de baja calidad moral o institucional. Dado el poder que tienen empresas y sus Directores en la sociedad, es vital que asuman un rol proactivo, que descubran y asuman, con todas sus implicaciones legales y éticas, la totalidad de las responsabilidades que les conciernen como dirigentes.

Aunque los campos de acción de la Responsabilidad Social Empresarial, no son previamente definibles, y así lo demuestran los diferentes ejemplos de contribuciones sociales de distintas empresas, lo más importante es el empuje que los Directores de empresas puedan darle al manejo ético de las relaciones que marcan la base de la pirámide de acción social empresarial.

En definitiva, si la influencia e importancia del rol de las empresas en la acción social no se pone en duda, la trascendencia del rol activo de sus Directores (motor seguro de la actividad empresarial) viene coligada, como un efecto o consecuencia, de la premisa anterior.

VIII.-¿Puede ser la responsabilidad social empresarial una ventaja competitiva?.

En general, podemos afirmar que existen numerosos factores que abonan la conclusión de que, la Responsabilidad Social Empresarial, aporta numerosos beneficios a una empresa petrolera o minera, y en general, a cualquier empresa, independientemente del rubro al que se dedique.

Así, las nuevas inquietudes y expectativas de los ciudadanos, consumidores, poderes públicos e inversores en el contexto de la mundialización y el cambio industrial a gran escala, pueden generar una identificación del consumidor o de las autoridades, con las empresas más involucradas en el factor social.

A su vez, los criterios sociales influyen cada vez más en las decisiones de inversión de las personas o las instituciones tanto en calidad de consumidores como de inversores, sin contar con que, la preocupación cada vez mayor sobre el deterioro medioambiental provocado por la actividad económica, y en especial, por la petrolera o minera, producen que, las empresas con mayor y mejor desempeño en los ámbitos ambientales y sociales, tengan ventajas comparativas con relación a la asignación de nuevas áreas o derechos de explotación, y en cuanto a la permisología para el despliegue de su objeto empresarial.

No obstante, la gestión social de las empresas petroleras o mineras, debe ir acompañada de una adecuada política de comunicación, como un factor de estímulo de las gestiones sociales, y por cuanto la transparencia de las actividades empresariales propiciada por los medios de comunicación y las modernas tecnologías de información y comunicación, contribuye a la cristalización de positivas imágenes corporativas.

Igualmente, a medida que las propias empresas se enfrentan a los retos de un entorno en mutación en el contexto de la mundialización, debe aumentar su convencimiento de que la responsabilidad social puede tener un valor económico directo y ser una ventaja competitiva. Aunque la responsabilidad principal de las empresas consiste en generar beneficios, pueden contribuir al mismo tiempo al logro de objetivos sociales y medioambientales, integrando la responsabilidad social como inversión estratégica en el núcleo de su estrategia empresarial, sus instrumentos de gestión y sus actividades.

Cuando la responsabilidad social de la empresa constituye un proceso de gestión de sus relaciones con diversos interlocutores que pueden influir realmente en su libertad de funcionamiento, los argumentos comerciales son evidentes. Por tanto, la responsabilidad social debe considerarse una inversión y no un gasto, al igual que la gestión de la calidad. Así, pueden adoptar un enfoque financiero, comercial y social integrado, que desemboque en una estrategia a largo plazo que minimice los riesgos relacionados con la incertidumbre (política, social o institucional). De allí que, progresivamente, estimamos que es una ventaja competitiva que las empresas asuman su responsabilidad social a lo largo de toda la cadena de producción.